Poesía

Carta al amor no correspondido

Cuando me preguntaste ¿Qué estás dispuesto a dar por mí? Yo   respondí que todo. Pero todo no fue suficiente.

Amar no implica ser amado, tan simple y lógico como eso. ¿Pero qué sabes, amor, de lógica o de razones? ¿Qué sabes tú? Tú que te aferras a lo imposible. Tú, culpable de mis noches de insomnio, de mi insaciable pensar en su aroma.

Quizá cuando no eres correspondido ya no debería llamarte amor. No. Cuando no correspondes te conviertes en algo macabro. Te deformas en falsas promesas. En canciones tristes. En lágrimas en el alba.

¿Cómo llamarte? Masoquismo cuando me deprimo. Esperanza cuando me pongo eufórico. Pero eres más que eso ¿No? Eres la excusa perfecta. Esa que me permite no buscarte en alguien más, o en mí mismo. Como un fénix que no entiende que debe morir para renacer.

Ha llegado la hora, amor mío, mi excusa perfecta. Dame el placer de eliminarte de mi alma con un adiós y una sonrisa.

Espero que te amen. Así, como amas tú.

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