Experiencias Personales

La soga de los muertos: La serpiente, el gato y el cuervo (parte 2)

En la primera parte explique como fue que termine siendo devorado por una serpiente negra gigante.

Dentro de ella había otro mundo. ¿Cómo describirlo? Imagina un lugar en donde se encuentra todo aquello que, de alguna u otra forma, niegas de ti mismo. Todo esto materializado enfrente tuyo, con un único propósito. Aceptación. Incomodo, y doloroso, pero necesario para seguir en este camino de descubrimiento crudo y sincero sobre uno mismo.

Además de esta lección, la serpiente como un tótem ofrece el don de maniobrar bajo el radar, camuflarse a donde quiera que esté. Resalta la capacidad de transformación propia, da la oportunidad de desprenderse del viejo “yo”, y de emerger como una versión más nueva. Un renacimiento de entre las verdades más oscuras de mi propia esencia. 

El universo en el que me encontraba se rompió como un cristal, devolviéndome al lugar donde me esperaban mis otros dos guías. El gato se acerca, elegante y seductor, un pelaje que me recordó al ying-yang, de un lado blanco, pero su ojo negro, del otro lado negro, pero su ojo blanco. Acercó la punta de su cola bicolor hacia mi corazón.

Al hacer contacto, reviví miles de memorias que aludían a mí propia represión emocional. Las veces que calle un “te amo”, otras en las que no me atreví a gritar, que no me permití llorar, o que no me detuve a reír. Sensaciones opuestas se apoderaron de mí. Lágrimas de felicidad, de dolor, de odio y de amor, cayeron por mi rostro al mismo tiempo, liberándome de cadenas que ni si quiera sabía que llevaba puestas.

El gato a través de su mirada reanima mi curiosidad, y la combina con un alto grado de libido, de una naturaleza profundamente psíquica y espiritual. Me recuerda que no puedo ser poseído. Que voy y vengo, cuando así lo desee. Que soy libre.

Al retirar su cola, me doy cuenta que sigo en el mismo lugar. Sin embargo, ahora solo queda el cuervo. Su plumaje blanco y limpio, sus ojos dorados. Empieza a aletear.  Su graznido indicándome que suba.

Una vez arriba, abre sus alas y empieza a volar por el cosmos. La sensación de reconectarse con todo aquello que se supo perdido me permite entender que no existe, realmente, nada ajeno a mi propia existencia. Todo está interconectado, todo es interdependiente, el hombre escindido es un mito.

Este saber me reconecta con mi condición humana, en todas las dimensiones que eso implica: la cósmica, la física, la cultural, la histórica, la afectiva – todo aquello que alude a la complejidad de la humanidad como especie y sus tan contradictorios impulsos de vida y de muerte que nos permite amar, odiar, crear, destruir, procrear, o asesinar.

Además de esto, el cuervo como tótem me otorga el don de la metamorfosis, esa capacidad de transformación constante y fluida de mis propias energías psíquicas.

En la próxima y ultima entrada haré mi interpretación de estas vivencias personales, desde una perspectiva psicológica.

Agrego link de la ultima entrada: https://elasbajolatanga.com/2019/08/25/la-soga-de-los-muertos-analisis-psicologico-parte-3/

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