El AS² de la Política

LA CIUDAD EMPERRADA

Fidel y no Castro, o Egas. Suscitó polémica estos días, tanto así que la “semi odiosa” digo “diosa” de la Doctora Cynthia Viteri, llegó a dedicarle un sentido “tuit” de tú a tú al también alcalde, pero los páramos, Jorge Yunda y también doctor, de paso.

El asunto era una orden de inyección letal o “eutanasia” para el can malcriado, que había osado morder algunas veces y que suponía un fastidio, pero que su dueña no le daba mayor importancia, hasta que la polémica escaló.

Para suerte del cuadrúpedo, no pasó a mayores y podrá seguir vivo y mordiendo o no, pero más allá de la “anécdota” y el activismo “citadina” pro defensa animal.

Esta ciudad vegana, culta, compasiva, superior y cuna de “la libertad” y los derechos humanos, que suma su máxima expresión de defensa de los “animalitos” en la figura de su alcalde que repite como “Loro” mismo su mantra de Gandhi que dice así:

“La grandeza de una nación puede ser juzgada acorde como tratan a sus animales”

Algo que claramente hemos reprobado no sólo como países, ciudades, si no como planeta. Está muy “bien” el “postureo” y el intentar llegar con un discurso que cale en la juventud citadina, que se declara fervorosa defensora de los “peludos” o no “peludos” (luego vayan a putearme porque dejé afuera a ciertas especies sin pelo). Así pues, nos escandalizamos y con justa razón e impotencia, ante las injusticias cometidas a los más vulnerables, y los casos de envenenamiento a refugios de animales o ya de plano en un barrio plagado de gatos y perros.

Nos hacen “emperrarnos” y clamar justicia por los desprotegidos. Sin embargo, mis queridos ecologistas de “ciudad”, seres iluminados del perímetro urbano y quizá no tan urbano.

Tengo que hacer un llamado de atención a su propia estupidez y falsa “superioridad”. Porque mientras estamos discutiendo esto, que sí, que son injusticias y crímenes. En algunos asilos de ancianos, muchos van a tirar a los desperdicios de sus padres o abuelos, para que no jodan y se pudran, yendo a vivir allá el propio “infierno” y dirán y con razón.

A mí qué chucha eso, eso es problema de cada familia, y en su consciencia quedará lo mal que obraron. Y sí, es muy cierto, pero si como sociedad no podemos fomentar algo tan básico que en otros tiempos y otras culturas ahora ya casi “extintas” era un “deber”, el respetar a nuestros mayores. Qué podemos esperar del respeto a los animales.

Si como ciudad, seguimos siendo no sólo agresivos con esos seres, si no contra nosotros mismos. Y cada vez las calles, veredas, están en un estado deteriorado, donde no sólo ancianos, si no embarazadas, personas con discapacidad y niños, están expuestos a accidentes o lesiones.

La ciudad donde si eres hijo de familia con plata o alguna persona influyente, puedes no más andar a exceso de velocidad, matar o lisiar a alguien, y no pagas pena o arreglas por abajo, pero si eres un pobre diablo cualquiera borracho y tu irresponsabilidad trajo consigo una desgracia. A menos que como ya digo, seas “casta”; todo el peso caerá sobre ti.

Una ciudad donde los agentes están prestos a dejarse sobornar cuando no traes papeles o cometes imprudencias, y en donde el intentar aplicar leyes más severas es mal visto y motivo de queja.

Donde los “guagua centros” eran más un negocio que una verdadera guardería y donde si un niño tenía alguna discapacidad mental o física, era motivo de maltrato o burla de supuestas “pedabobas” digo pedagogas que en realidad eran mujeres miserables que esta misma ciudad, las desechó de su trabajo y fueron recicladas en otro, debido a la necesidad y no a la vocación, lo que se traslada en frustración. 

Lindo Quito de mi vida, cuna de defensores de los derechos sin distinción de nada, lindo Quito culto y superior moral.

Bella ciudad mía, donde las corridas de toros se abolieron por ser un espectáculo grotesco y violento. Pero donde todavía, se mantiene para venta y en condiciones insalubres, a cientos de miles de animales, en mercados, donde se realizan peleas de perros con buena paga, pero se enarbola el respeto animal.

Donde los propietarios, dejan salir a “pasear” a sus mascotas y nunca regresan, y ese uno se convirtió en jauría, que, sumado a la ineptitud de un Municipio para la recolección de desechos, crea otro problema de salud pública y esos animalitos se convierten en foco de enfermedades y peligro.

Se indignan por la generación de basura en un evento deportivo como una prueba de atletismo, que de paso les aviso, la empresa y organizador se encargan de limpiar todo el “desastre”, pero no se indignan con el Machángara y su “muerte” al que se podríamos salvarlo y así “salvarnos”, pero no, para qué, el Metro es “prioridad” sin embargo recuperar el río, era mucho menos “caro” que lo otro.

Y así nos emperramos por lo que dictan las tendencias, mientras a dos pasos de nuestra casa, aunque pegue, aunque mate, ¿MARIDO ES? No es así mis cholitos.

Y seguimos en el espiral de violencia “estructural” para después indignarnos por la existencia de la misma, cuando es lo que propiciamos y alentamos. Ojalá nos emperráramos así con todo, y no sólo unas cuántas cosas que nos convienen.

Por Joyce de la Plaza

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