El AS² de la sociología

NO SABEMOS DISTINGUIR AL ENEMIGO


En el camino de la vida uno no puede presuponer sino hacer camino caminando. Entre tantos lugares a los que me tocó ir y gente que me tocó conocer, he encontrado, un denominador común problemático. Un grave problema social es que no sabemos distinguir al enemigo. Pedimos sinceridad y originalidad siempre y cuando vaya acorde con lo que uno quiera. Este fenómeno en sí no es malo, el problema clave en este proceso es que la regla tiene el truco. Tal vez por nuestra construcción como sociedades orales y nuestro apego a lo “místico y mágico” somos una sociedad que premia la hipocresía y castiga la franqueza. No hay ningún problema en que tu construcción social y moralidad intrínseca te haga discriminar sobre situaciones en la vida. El problema más bien yace en el juicio de valor casi inquisidor a la hora de que nos cotejamos con el otro. Y, el problema más grave de ese proceso, es la perniciosa doble moral que llevamos a la hora de entregarnos al vencimiento del estilo sobre de la sustancia. Esto nos hace perder la percepción de la etapa coyuntural en la que se discrimina una acción trayendo problemas de decodificaciones erróneas frente a situaciones juzgadas desde la dualidad estilo sobre sustancia. No se sí esto sea generacional, económico, social, cultural, pero tenemos una sociedad que crítica palabras mientras en acciones concretas no juzgamos con el mismo peso a cambio de una sonrisa. En mi concepto creo que es hora de adueñarnos de lo que siempre ha sido nuestro. El lenguaje, en mi interés, uno de los más importantes, no le tengamos miedo a las palabras, reescribamos los usos, y sí no entendemos expresiones, antes de caer con todo el peso de nuestra moral, pongámonos en la piel del otro. A lo mejor este proceso no logre la equidad con al que soñamos todos los longos que aprendimos desde la parte de los vencidos, la vida. Pero, al menos, tendremos mejores mecanismos, para resistir frente al enemigo de verdad que está frente a todos y se camufla bajo el brillo de la eterna búsqueda de la felicidad moderna.

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