¡Que no le cuenten!

LOS GARANTES DE LA “DEMOCRACIA”

Por más problemática que pareciera la situación, la gente sabía que siempre podía acudir a ellos para que restablecieran el “orden”. Igual y muchos no los querían y mira tú que en los integrantes de su familia, del pasado, presente y futuro había uno o más que se habían dedicado a la vida “castrense”.

Algunos, lo más jóvenes. Invadidos de cierto espíritu “rebelde” y sin noción aún de las “jerarquías” los miraban con recelo. Para ellos ser “eso” era una “deshonra”, les habían dicho sus “profes”, quienes no compartían el mismo “entusiasmo” por ellos y sus métodos. Para algunos sólo era un instrumento “represor”, para otros aparte de represores, eran unos ladrones que veían en la guerra un negociado para ganar por compra y venta de armas, para otros en cambio; eran gente respetable y verdaderos patriotas abnegados a la causa nacional.

Alguien se preguntaba ¿Acaso patriotas no somos todos? Cantamos el himno, juramos la bandera, nos meten desde pequeños el “desprecio” al “vecino” y siempre que hay partido de fútbol pifias e insultos, al contrario, yo también soy un “patriota”, pero no llevo un fusil.

Sea como sea. Ellos no descansaban, habían estado desde épocas remotas, en la conformación de lo que serían los estados “modernos” igual y mutaron con el tiempo, antes eran leales a un “rey” ahora lo son a un “gobierno” o mejor dicho al “presidente”. Aunque, al menos de este lado del charco. Tenían voz, quizá no tenían el voto, pero sí que tenían voz, y varias veces “ayudaron” a defenestrar al “pendejo” de turno que quisiera propasarse o extra limitarse en sus funciones, ni bien veían que estaba en una lucha encarnizada contra el congreso o las cortes y si sentían algún tufo extraño con las alianzas que este establecía con otros gobiernos, entonces no era mala idea patear el tablero y ayudarle a “irse por las buenas”.

A veces, y sobre todo en tiempos no tan “remotos”. Ellos mismo se hacían cargo de todo, ya que no podían permitir que el caos se apoderara de la sociedad, y si los representantes civiles no tenían puta idea, pues ahí estaban ellos para tomar al toro por los cuernos.

El tiempo pasó y se sucedieron algunos gobiernos con más o menos éxito. Pero algo no cambiaba y era su desconfianza con el encargado del “poder”, cada uno levantaba ciertas sospechas sea de derecha y peor si este era de izquierda. Aún así, siempre le recordaban al presidente que su poder no terminaba con lo que le dictaran sus “mandantes” si no con lo que le dictaba el “ejército”, así que era mejor estar de buenas y no de malas.

Uno pensaría que era un núcleo unido y todos se llevaban bien. Pero entre ellos se metían la pata por ascensos o por ostentar algún cargo ministerial, que era el de Defensa. La tropa no tenía los mismos “privilegios” que los altos rangos y a ciertos “cuerpos militares” no entraba cualquier arrastrado si no gente ligada desde la pre historia, y con cierta tradición.

Cuando estallaba un conflicto, los reservistas y la tropa eran quienes, comandados por sus superiores, iban al campo de batalla a morir por la “patria”. Los hijos de nadie o de todos, a veces y los mal intencionados y anti “gorilas” más que nadie, solían decir que mientras en el campo de batalla caían como hormigas aplastadas uno a uno, los grandes generales veían de lejitos el conflicto y posaban para la foto y luego iban a un sitio más “alejado”.

A pesar de todo, fuera alguien de “rango” o “no”, era un honor morir por el país, la muestra desprendimiento más grande sólo superada quizá… Mejor sigamos con la idea que luego vaya a hacer comparaciones “odiosas”.

Nuestros garantes de la democracia, habían peleada dos “guerras”, según ellos las habían “ganado” según sus rivales, ellos habían “ganado” y los nuestros “perdido”. Cada que estallaba un conflicto, la sociedad se unía “mágicamente” y por un momento se olvidaban de sus odios regionales o clasistas y todos se cobijaban con la bandera nacional, pero pasado el conflicto volvían los rencores y complejos entre la ciudadanía.

Los altos mandos, habían llevado más o menos bien esto de compartir el poder, sí, había habido unos dos episodios “lamentables” pero al menos a uno de los “inquilinos” de la casa presidencial, le habían “perdonado” y, además, era sólo un “cuerpo” del “ejército” quien había osado levantarse, un pequeño detalle irrelevante, si no fuera porque todos creíamos que en realidad eran el “grupo de amigos perfectos”.

Unos cuantos inquilinos más y otros menos y siempre y cuando la ciudadanía los llamara para por favor sacar al idiota de turno. Ahí estaban, acudiendo al rescate de la ciudadanía que pedía a las fuerzas militares que “saque” a esa persona por lo que ellos habían votado.

Un buen día, vino alguien que sabiendo de su “poder e influencia” intentó medir fuerzas para ver quién era más poderoso. Les colocó un “civil” como jefe “militar” y eso ya no les gustó, así que misteriosamente fue borrado de la ecuación. El cuerpo “castrense” sabía que este tipo podía ser “peligroso” para sus intereses, pero también sabían que debían guardar prudencia.

Al final entre algunas reuniones más y otras menos, les había logrado convencer que fueran útiles a su causa. A cambio, él les prometía ciertos beneficios económicos estratégicos y carta abierta en ciertos negocios. Nada mal, aunque no ofrecía nada que otros no estuvieran dispuestos a ofrecer desde antes, subió la apuesta y hablaron de cierto material “negro” que se tiene que “purificar”, ahora sí estaban hablando un “idioma universal”.

Pero no todos estaban de acuerdo con ese “chantaje”, a esos rápidamente se los hizo a un lado de cierto “reparto” y algunos ya eran viejos “prescindibles”, había nueva casta. Pero no conforme con eso, había un juego de intrigas en los pasillos y la tropa también quería un poquito de “amor”, ahora el “aliado” estratégico los tiraba a los leones y acepta que sí, que había cierto “elitismo” dentro de la institución, pero ahora todo iba a cambiar y se iban a equiparar. Un momento de tensión y cierta preocupación, pero extra micrófonos habían pactado que serían ciertas “migajas” para tener contento al personal.

El tiempo desgastó al gobierno de turno, y algunas manifestaciones parecían el caldo de cultivo perfecto para otro golpe. Aunque esta vez, una sociedad más polarizada sobre el rol del ejército y también sobre el gobierno, salía tanto a favor como en contra de deponerlo.

Los “garantes de la democracia”, de repente mutaron en una especie de “guardia real”, los contrarios dentro de la misma institución habían sido apartados por la nueva “onda” y así un pueblo dividido y un titiritero maestro, lograba salirse con la suya. Además, les recordaba que, si caía él, probablemente caerían ellos también, y que de su “lealtad” dependían sus “ingresos”.

No había más que decir, aquí no pasó nada y si pasara algo, debe ser contra el “pueblo” o parte de él, que alevosa y subversivamente intentaba “trastocar” el orden constituido. Así nacía una “nueva era” donde por fin “gobierno” y “milicia” estrechaban la mano y hacían las pases, ya que tenían que pelear contra un enemigo en común, aquellos que siempre fueron el “enemigo real”, la “ciudadanía” para salvarla de su propia “brutalidad” y así ser los “garantes de la democracia” que siempre estuvieron destinados a ser a pesar que esos mismos ciudadanos demandaban la salida de esa persona y querían elecciones adelantadas, ya no había vuelta atrás…

Ese “matrimonio” iba para largo…

POR: Joyce de la Plaza

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