El AS² de la Política

JUSTICIA DE “ACOMODO” Y DE “APODO”

POR: Joyce de la Plaza

No me gusta juzgar a la gente por su “procedencia”. Creo que son cosas que no se pueden “cambiar” del todo, y algunos nacen con estrella y otros estrellados. El siguiente relato o, mejor dicho, lo siguientes relatos. No me llamarían la atención y se habrían alojado en mi memoria como uno más. De no ser por la creciente tendencia de la sociedad civil, de armarse con lo que bien puedan para enfrentarse a la delincuencia, que ha tenido un “auge”, aunque según nuestros politiqueros y cultos y vividos abogados. Es “cuestión de percepción”.

La siguiente historia, sucedió no hace muchos años. Pero situémonos en épocas donde la “revolución ciudadana” era todavía popular. Algunas “reformas” polémicas que en realidad ya estaban en curso como el porte de armas estaban en letra muerta. Que si bien sabemos que se puede obtener permisos. Estos dependerán de la buena voluntad de uno de los encargados del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

Es decir. En teoría se puede portar armas, pero pasando estrictos controles o test y por la burocracia militar. Tengamos esto en cuenta para lo que se viene en estos relatos.

La persona en cuestión salía de realizar sus actividades, cuando dos negros (así lo relata) la interceptaron. Con cuchillos en mano para desgracia de estas lacras. Quienes pensaron que sería un blanco sencillo.

Su víctima resultó ser alguien que era experto en defensa personal y tiro. Los desarmó rápidamente y como portaba pistola, los neutralizó. El saldo fue la muerte de los pobres diablos. De eso no se hizo escándalo. Para desgracia de los defensores de los derechos criminales, ya que esta persona no sólo que tenía credenciales en defensa personal y tiro, si no que para rematar era pariente de gente relacionada a la policía.

En todo caso y así no hubiera sido pariente de nadie, por lo expuesto. Tenía todo el derecho de aplicar la defensa propia y más con el agravante de la intimidación y el porte de armas blancas.

La misma suerte no correría un camaronero. Era época de campaña y un político citaba un caso (no especificó nombres), para poder ganar adeptos e introducir reformas en el código integral penal. Decía que esta persona había sido asaltada por tipos armados, pero al igual que la otra historia. Este camaronero era hábil con las armas de fuego, uno de los mal vivientes cayó, pero los otros escaparon. Qué obtuvo como premio, nada.

Ganarse juicios y detención por haber ejecutado el derecho a la defensa propia. Algunos podrán argumentar que no era necesario matarlos, ya que estos ángeles no tiraron a matar al tipo, sólo le entraron a robar. Tengamos en mente que estos criminales invadieron propiedad privada y estaban armados según el relato. Es decir, si es que estaban cara a cara seguro ellos abrían fuego a quemarropa y se cargaban al camaronero. Además, ya dije que le estaban robando.

El último relato es un tanto más viejo. A la salida de un centro nocturno se veía como otro malhechor quería asaltar y de paso violar a una joven, que seguramente producto del alcohol deambulaba por las calles. Épocas pre “Mashi”. Alcanzaron a ver al delincuente, fueron rápidamente a su vehículo y sacaron una linda arma de fuego con la que amenazaron al criminal, este soltó a su víctima, pero la cosa no quedó ahí.

Dispararon al aire para neutralizarlo. No era un tiro mortal, pero bastaba para que caiga al suelo del miedo, ahí se dieron gusto de molerlo a golpes, y decidieron subirlo al carro. En el trayecto con paradero desconocido para el criminal, lo insultaron y seguían golpeándolo. Su destino era el de otros pobres seres, aunque esta vez la historia daba un vuelco.

Para nadie es desconocido que las quebradas son los lugares preferidos por delincuentes y “justicieros” para tirar la evidencia, ahora el criminal era la basura a quien tirar.

Se entretuvieron un rato más y siguieron golpeando al delincuente que estaba muy arrepentido pero ninguna disculpa era válida. Intentó robar y no conforme con eso, violar.

Era un tipo que seguro no tenía reforma o tal vez sí, pero no importaba.

No quiero imaginar como serían los últimos momentos de ese imbécil, pero para tranquilidad de él y para ellos. No estaba en manos de “sádicos”, ya que bastaron un par de golpes por los genitales, la cara y la cabeza y un disparo directo a la cabeza. Muerto el perro se acaba la rabia dicen…

Desconozco si los protagonistas era la primera vez que mataban alguien, y no entraré a determinar si fue necesario o no. Presento la anécdota. Otro dato suelto es que, eran buenos tiradores y peleadores, no cualquiera. Y por si acaso alguien tiene más dudas, eran policías.

Así pues, la ley es discrecional dependiendo de quién sea el implicado en x caso.

La última y nos vamos. Al norte de Quito, unos asaltantes limpiaron una casa clase media, se llevaron dinero en efectivo, electrodomésticos y seguro más cosas (como si fuera poco lo que se llevaron). Uno de los vecinos que volvía del trabajo justo cuando la policía estaba levantando el parte, se acercó a un oficial.

Indignado le comentó que, si de él dependiera, lo liquidaría de unos tiros con una vieja escopeta, así al menos se daría el gusto de hacer justicia porque la justicia es una mierda en este puto país. El policía parecía comprender la indignación y soltó una recomendación…

Le dijo que, si quiere tomarse la justicia por manos propias, existen unas lindas quebradas. Que haga lo que tenga que hacer, pero no avise o llame a nadie y se despache al criminal con ayuda de otras personas y lo tire por ahí. Porque si lo llama y resulta que le pegó un tiro en defensa propia. Los chances de que el culpable sea él y no el criminal, son altos. Además, que como fuerzas del orden. Deben seguir el procedimiento y no extra limitarse, y una de ellas es neutralizar al individuo y resguardar su integridad para garantizarle un juicio (ajá).

Y no le faltaba razón al uniformado. La famosa justicia se pone más ciega dependiendo del apellido o el cargo que ostenta la persona, y las buenas conexiones que tenga o amigos.

Si Perico de los Palotes es quien porta un arma y tiene la desgracia de matar en defensa propia. Chances son que valga tres atados, a no ser que sea amigo o pariente de alguien o sea oficial en cuyo caso ya no sería ni tan Perico ni tan de los Palotes.

El nombre y los contactos pesan, incluso dentro de las fuerzas del orden. El rango no solo te da estatus si no la posibilidad de pasarte por el forro de los … ciertos procedimientos. Pero dependerá de tu rango, porque no es igual ser un novel que alguien que tiene sus años de carrera.

A lo mejor muchos de los grandes defensores de los derechos humanos, tengan entre sus familiares o amistades, un policía o militar, si no es que sus amigos son directamente de esas instituciones. Quizá han escuchado historias similares y por eso se conduelen de los criminales o tal vez les den la razón a los policías viceversa.

Sea como sea, los abogados más que nadie. Saben que la justicia se acomoda por nombres, regalos o incentivos para fallar o no. Hay que hacerse los cojudos y tratar de trastornar la ley, hablar una cosa a la cámara y audiencia y hacer otra por abajo.

En todo caso, deberían ser más serios y pensar que quizá muchos se fueron al tarro precisamente por no tener nombre y renombre y los contactos o amiguis, pero no actuaron muy diferente que los señores hijos de la ley o las instituciones o de personas influyentes, y sus vidas corrían el mismo peligro y en una situación borde actuaron de manera similar, pero se irán por giles al tarro que otros no irán porque papi y no precisamente papi estado. Los salvó.

No será hora de juzgar con la misma vara a todos y caiga quien caiga aplicar esas fabulosas leyes que colegas suyos leguleyos en la asamblea nacional discuten y aprueban. No será mucha molestia pedirles ese favor…

Hasta mientras sigan durmiendo y tuiteando tranquilos. En el fondo deben defender el kiosco aunque sepan que están en una red mentiras piadosas, pero a disimular en pantalla que eso sí está muy bien, todo sea por seguir el debido proceso “discrecional”.

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